"
No podría vivir sin música" me dicen los alumnos. Yo me lo creo porque vivir sin música sería como vivir sin aire, que ya sabemos que es imposible.
La música se hace con sonidos, y se transmite en forma de onda a través de un medio que puede ser desde el agua hasta la madera o el hierro. Para los humanos, el medio es el aire. Necesitamos el aire para escuchar, para respirar, para vivir. Por eso apreciamos tanto un soplo de aire fresco, o la maravilla de respirar aire puro. Por eso nos gusta tanto salir al campo a pasear, respirar profundamente, sentir cómo nuestros pulmones se llenan de AIRE.
Los músicos también llamamos aire a esas melodías livianas que parecen moverse como mariposas, ligeras y sin aparente importancia. Poetas extraordinarios como Jose Agustín Goytisolo relacionan el aire con el estado de ánimo:
"¿Qué hacer cuando un mal aire
de tristeza envuelva (la memoria)
igual que un maleficio?" se pregunta en un poema llamado "El aire huele a humo".
Nuestro Diccionario de emociones no tiene la respuesta claro. A veces las tristezas hay que dejarlas pasar como pasa el viento a través de las hojas de los árboles. Hoy es precisamente un día muy ventoso, que está desnudando muchos de ellos y ha tapizado el suelo de hojas doradas y marrones. He abierto la ventana, dejando que la melancolía me invadiera dulcemente, ¡tantas cosas pasan como pasa el aire arrastrando las hojas de otoño! Respiro profundamente. me identifico con el paisaje que tengo delante, ¿no deberíamos también nosotros soltar todo lo que ya no nos hace falta, preocupaciones inútiles, juicios sobre los demás y sobre nosotros mismos que nos impiden avanzar y tener una vida más plena? También pienso en la calidad del aire, en el hecho de que está a menudo tan contaminado. "No podemos hacer nada al respecto" os oigo decir. Pienso que sí. Os propongo empezar por cambiar la calidad del aire interior, de ese aire que huele a humo por otro que huela a a emoción, a sueños por cumplir, a un abrazo, a un beso. De ahí nacen las acciones buenas de un mundo que os toca transformar con amor e inteligencia. Cecilia.
Cuando es un día lluvioso y el aire está alborotado nos sentimos enfadados y melancólicos, al igual que al oír una melodía triste. Cuando el aire es fuerte pero no te incomoda, sientes fuerza y notas como tu pelo se mueve (...) otras veces notas cómo te roza dulcemente la cara. Cuando vas a la playa y escuchas a alguien hablando sobre la brisa marina, te dan muchísimas ganas de escucharla. En la entrada mencionas que "nos gusta salir al campo y sentir como nuestros pulmones se llenan de aire" pero la verdad es que nuestros pulmones no es lo único que se llena de aire, si no también, nuestros oídos, nuestra piel y sobre todo nuestro corazón. Claudia García, Tercero de la ESO