Hola de nuevo,
os dejaba el otro día con un fragmento extraído de la novela de Max Frisch, No soy Stiller (1) en la que el escritor traza un retrato muy incisivo de la relación del hombre contemporáneo y la naturaleza. En su huida de la ciudad, el urbanita deja pasar el disfrute de los paisajes que atraviesa, reducidos a mero decorado:
"La naturaleza está al alcance de la mano, pero (...) se escapa y transcurre como una película en colores con bosques, lagos y cañaverales"
Me ha sorprendido la similitud de esta reflexión con las declaraciones del fotógrafo Alexi Lubomirski a la revista Elle en su número de marzo (2). Lubomirski es el autor de un libro llamado "Natura Sacra: When the Earth was God" (3) En él ha registrado imágenes de flores casi marchitas, extrañas y sugestivas, donde el encanto parece a punto de desvanecerse. ¿Por qué?:
"Mi trabajo suele centrarse en retratar personas, pero durante el confinamiento algo se desplazó en mi mirada. Empecé a notar que las flores de casa ganaban belleza a medida que se secaban. Mi mujer traía rosas y peonías del jardín, y yo las veía transformarse mientras el agua del jarrón desaparecía" (...)

"No se trata sólo de belleza, sino de reactivar la mirada (hacia) la naturaleza, esta diosa que nos sostiene, nos alimenta y nos enseña. Nos hemos acostumbrado a ella, la hemos reducido a decoración. Pensamos que estamos conectados porque tenemos un fondo de pantalla bonito pero ya no la miramos de verdad".
Aunque ambos autores coinciden en denunciar la banalización estética de la naturaleza, en Lubomirski percibo una voluntad de mejorar, la esperanza en que su trabajo nos ayude a tomar conciencia de lo superficiales que somos. El tono burlón de Frisch esconde una resignación que la seriedad de Lubomirsky transforma en aspiración de mejora. Me ha gustado mucho, porque incluso nos da la receta para, como él dice "desplazar la mirada":
"El método más simple, y quizá el más difícil hoy, es abrir los ojos y permanecer quietos. Vivimos atrapados en la gratificación inmediata y cada vez dedicamos menos tiempos a sentarnos, a asimilar lo que sentimos y lo que ocurre a nuestro alrededor. El teléfono ha secuestrado nuestra atención: si tenemos 20 segundos libres los llenamos con correos, notificaciones o titulares,en lugar de simplemente estar. ¿Cuántas veces atravesamos instantes privilegiados sin permitir que nos atraviesen de verdad?".
Pues ya tenemos diagnóstico, y tenemos tratamiento. Apagamos el teléfono y nos vamos a dar un paseo. Qué sencillo,qué hermoso. ¡Gracias, doctor!.
1) Max Frisch, No soy Stiller, Biblioteca de Plata, Círculo de Lectores, Barcelona, 1988. Pág. 191
2) La vida secreta de las flores, entrevista a Alexi Lubomirski, Elle España, marzo 2026, nº 474, pág 134
Fotografía: Alexi Lubomirski para el libro Natura Sacra: when the Earth was God (Naturaleza Sagrada, cuando la Tierra era Dios) El 100% de los beneficios se destina a la ONG Hope and Play. "Hubo un tiempo en el que se veneraba la naturaleza como una deidad, la fuente de nuestros mitos, nuestra guía, nuestra comprensión de la muerte y la renovación. Una flor nunca fue mera decoración. Era un emblema de la fragilidad y la eternidad de la vida, una respuesta a las preguntas sobre la belleza y la impermanencia". (Traducido de la contraportada del libro)







