Sobre el más viejo olivo, de pie sobre su copa milagrosamente, crece un cerezo niño, un cerezo que, a su tiempo debido, pinta las rojas gotas de sus cerezas sobre el gris ceniciento que lo sustenta.
- Y vamos de milagro...
- Sí, señor, que milagros los hay a mares, pero lo que pasa es que no nos damos cuenta." (2)
Entre los milagros cotidianos de mi vida se encuentra, como saben mis lectores, un pequeño buzón en la plaza del pueblo, donde los vecinos cogemos y dejamos libros. Yo me llevé este humilde tomo de bolsillo, amarillento pero bien conservado: "del Miño al Bidasoa" se titula. Evoca lugares que me recuerdan momentos de vacaciones en el norte, preciosos cementerios como debe ser el de Adina "que cantó Rosalía" (3), árboles que ofrecen esperanza, flores que aparecen en lugares inesperados. Pero sobre todo descubre, a través de la mirada de un vagabundo, cuánta belleza hay a nuestro alcance si sabemos mirar alrededor con inocencia y humildad. No es tan fácil. Atrapados en las mil necesidades y urgencias del día a día, dejamos de estar disponibles para los milagros cotidianos. Sin embargo, ahí están, los hay a mares. Permitamos que al menos uno al día nos llene de asombro y confianza, "como al vagabundo deleitoso y aplicado, coleccionista de paisajes y de puestas de sol". (4) Feliz semana.2) Págs 19 a 20, Camilo José Cela, Del Miño al Bidasoa, Barcelona, Noguer, 1974.
3) Rosalía de Castro, «O simiterio da Adina», del poemario Follas novas (1880). Estos son los versos iniciales, en gallego:
"O simiterio da Adina n'hai duda que é encantador, cos seus olivos escuros de vella recordazón" CONSULTAR
4) Pág 30, Camilo José Cela, Del Miño al Bidasoa, Barcelona, Noguer, 1974.



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