"Ahora ya no había que hacer nada más. Comprobó que estaba muy cansada, pero era un cansancio agradable. Se sentía segura y reconfortada por el entorno, como si su casa fuese una persona cariñosa y unos brazos amorosos la estuviesen estrechando (...) Arrellanada en su butaca favorita, se sorprendió a sí misma al experimentar una especie de irrazonable felicidad que no había sentido desde hacía años. Es porque estoy viva (...) Puedo sentir, tocar, ver, oír y oler; cuidar de mí misma; marcharme del hospital por mi propio pie, encontrar un taxi y volver a casa. Hay campanillas de febrero floreciendo en el jardín y la primavera está en camino. Puedo ver el milagro anual y sentir que el sol sale más cálido a medida que transcurren las semanas. Y como estoy viva formaré parte de este milagro." (1)
1) Rosamunde Pilcher, Los buscadores de conchas (The Shell Seekers), Plaza Janés, Barcelona, 2da. ed. 1997, pág 16.

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