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sábado, 1 de febrero de 2025

LA NOCHE QUE DESAPARECE

 

He conocido la obra de Djabril Boukhenaïssi (n. 1993 en Francia; vive y trabaja entre París y la región del Perche) a través de una entrevista en la revista Marie Claire del pasado mes de agosto. La revista aún la tengo, por lo mucho que me gustó el reportaje (1)

 

Djabril explora las representaciones de la noche y su simbolismo en la historia del arte occidental. Le preocupa nuestra actual incapacidad para percibir el cielo nocturno, las estrellas. "La noche ha desaparecido", se queja. "Desde el principio de la humanidad siempre hemos vivido con las estrellas. Por primera vez, algunas personas viven toda su vida sin ver ninguna.Y sin embargo, todas estas infraestructuras eléctricas tan sofisticadas son muy frágiles: si se apaga la luz, la oscuridad, las estrellas siguen ahí. No es la noche la que ha desaparecido, sino nuestra capacidad de verla. Por eso pinto estrellas apenas perceptibles en mis cuadros. Están hechas por la ausencia, como pequeños huecos. Hay que acercarse para verlas."

En mi opinión no solo hemos perdido la noche estrellada, sino que hay muchas otras realidades que siguen ahí, invisibles por distintas formas de contaminación: el ruido constante que nos impide escuchar el silencio, la saturación de información que nos hace perder de vista lo esencial, o incluso la manera en que nuestras rutinas nos desconectan de la naturaleza y del paso del tiempo. Todos recordamos la dura pero fascinante experiencia del confinamiento, el rumor del viento, los pájaros... Muchas personas hablaban del sonido de sus propios pasos en calles vacías, del eco de sus pensamientos sin el bullicio habitual. También se redescubrieron los cambios de luz al pasar las horas, los atardeceres sin el velo de la contaminación, el ritmo más pausado de la vida.

Otro aspecto fue el tiempo: sin la prisa de antes, algunos volvieron a notar el aroma del bizcocho recién horneado (harinas y levaduras se agotaban en los supermercados), la textura de los materiales en casa, la sensación del sol en la piel al asomarse a una ventana. Fue un momento extraño, pero nos permitió ver todo aquello que siempre estuvo ahí y que, en la rutina acelerada, pasaba desapercibido. 

La idea de pintar estrellas apenas perceptibles me parece muy valiosa porque nos obliga a detenernos, a acercarnos, a hacer un esfuerzo consciente para ver lo que está oculto.  A veces lo más importante no es lo que brilla con fuerza, sino lo que requiere atención y sensibilidad para ser descubierto. 

1) "Pintando la noche que desaparece", entrevista a Jabril Boukhenaissi en páginas 46 a 49, Marie Claire España, nº441, Agosto 2024

domingo, 26 de enero de 2025

Tú también puedes

 


Un barquito de papel se desliza sobre el agua en la portada de este pequeño volumen publicado en 2013 por la psicóloga Elena Rubio (1) Sólo la lectura atenta revela el significado de la imagen. El ser humano es un barquito a merced de las olas y es también el agua que mantiene el barco a flote, regulando su intensidad y recorrido. En el libro se expresa así: "somos como la hoja que cae del árbol a merced del viento, solo que ahora podemos ser también el viento" (2) 

Entre los numerosos ejercicios que se proponen para afrontar mejor los retos cotidianos, Elena Rubio nos habla del perdón. El lector ha de analizar con conciencia alguna relación complicada y molesta haciéndose las siguientes preguntas:

  • ¿Qué me ha dado esta persona?
  • ¿Qué le he dado yo a ella?
  • ¿Qué problemas y dificultades la he causado?

Entrar en la frecuencia del perdón, nos explica, no puede ser una gran ocasión para fortalecer nuestro ego (soy generosa, soy buena, no se lo merece pero aún así...) sino algo muy distinto. En estado de meditación, vamos a reconocer las cosas buenas que esa persona difícil nos ha dado en lugar de quedarnos atrapados en el daño. A menudo, este entrenamiento pone de relieve las cualidades de alguien que en algún momento se ocupó de nosotros, nos cuidó a su manera y nos dió amor. Ojo, nadie dice que tengamos que aceptarla en nuestra vida o soportar situaciones de abuso y maltrato. Es un ejercicio que se vuelve hacia nuestro mundo interior, donde los conflictos-fantasma siguen atormentándonos, aunque la persona ya no esté.
Al reconocer en los demás sus mejores cualidades modulamos la intensidad de nuestros estados emocionales más negativos, vivimos más tranquilos e inclinamos la balanza de la vida hacia su lado más luminoso. Es muy difícil, ya lo sé. Pero para mí es como tocar al piano una partitura nueva: error tras error, disonancia tras disonancia, un buen día la música está ahí, perfecta y virtuosa, y eres tú mismo el que la hace sonar. Buena suerte.

1) Previsualiza las primeras páginas de este libro Elena Rubio, Tú también puedes, Madrid, Edaf, 2013

2) Pag. 62 del libro citado.

sábado, 18 de enero de 2025

PSIQUIATRAS, PSICÓLOGOS Y OTROS ENFERMOS

 



En la plaza de mi pueblo hay un buzón inspirado en el fenómeno del bookcrossing. Los vecinos dejamos allí los libros que ya no nos interesan y cogemos otros que nos apetecen más. He descubierto así "Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos", una novela que de otro modo nunca hubiera leído. Sin ser todo lo hilarante que promete la cuarta de cubierta, reconozco que me ha hecho pasar un buen rato y pensar en algunas actitudes que hacen de nuestra vida un innecesario sucederse de desengaños y enfados. 

Rodrigo, el protagonista, narra en primera persona un periodo de su vida en que sufre arrebatos de ira injustificados e intensos. Pide entonces ayuda a su cuñado Ernesto, que es psiquiatra. En la sala de espera de la consulta descubre que los cuadros que adornan las paredes no han sido enmarcados en la empresa de su mujer, Patricia:

"La etiqueta del enmarcador decía Marcos Corredor, es decir, la competencia de Pati, esa gran tienda que había tomado el mercado de la zona y que tantos quebraderos de cabeza le producía a mi mujer y sus socias (...) La ira, en forma de sudor, me resbalaba por la espalda, y estaba alcanzando unos niveles tan extremos que llegué a pensar si no se trataría todo de una provocación diseñada por Ernesto (...) Cuando estaba intentando colgar el cuadro de nuevo, se abrió la puerta de la sala y apareció la intrigante cara de Ernesto.

- Rodrigo -dijo-, ¿cómo estamos?

- Yo bien -dije, extendiendo la mano-, pero el cuadro estaba un poco torcido.

- Ah, no te preocupes. ¿Te gustan? Me los regaló una paciente. Fíjate, los trajo enmarcados y todo.

- Ya veo, ya veo -dije, sin apenas tener valor de enfrentarme con la propia miseria de mis pensamientos anteriores, ni con la cara sonriente de mi cuñado. " (1)

La escena no solo es graciosa por la incomodidad y los pensamientos exagerados de Rodrigo, sino que también sirve para explorar cómo nuestras percepciones pueden distorsionarse por emociones intensas y contextos personales.

La conexión entre la ira de Rodrigo y los cuadros es un gran ejemplo de cómo nuestras suposiciones negativas pueden generar y amplificar nuestro resentimiento y mal humor. A menudo, cuando estamos atrapados en ese tipo de pensamientos, interpretamos las acciones de otros como si estuvieran pensadas a propósito con la intención de dañarnos.

Reconocer esos momentos en que nuestros juicios son exagerados, egocéntricos o simplemente incorrectos es un primer paso hacia una comprensión más serena y equilibrada de las relaciones humanas. Cuando  llevados por juicios sesgados y mal informados llegamos a la conclusión de que "los demás" nos timan o  nos toman por tontos no sólo podemos equivocarnos sino que de seguro vamos a ser menos felices. Una revisión de esos "pensamientos miserables" nos puede hacer mucho bien ¿lo intentamos?

Un fuerte abrazo y hasta la semana que viene.



1) Rodrigo Muñoz Avia, pág. 48 de Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos, Santillana, Punto de lectura, Madrid, 2005.

domingo, 12 de enero de 2025

LA UTOPÍA ESTÁ EN EL HORIZONTE


Siendo muy pequeña, durante un paseo por el campo, tuve la sensación de que la luna estaba al alcance de mi mano. Fue una experiencia asombrosa. Mi padre me advirtió que, por mucho que corriera, nunca podría atraparla, pero yo no le creía. Corrí y corrí, fascinada por aquella esfera luminosa y magnífica.

He recordado ese momento al leer una cita incluida en el calendario de 2025 que cuelga en mi habitación (1) Se trata de la famosa idea, erróneamente atribuida a Eduardo Galeano: "La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos, y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar" (2)

Esta metáfora conceptual es un ejemplo extraordinario de cómo los ideales pueden cobrar sentido en nuestra vida. Va más allá de lo literal, convirtiendo algo abstracto (la utopía) en una experiencia tangible (el acto de caminar hacia un horizonte). La enseñanza es clara: aunque nuestros objetivos ideales puedan parecer inalcanzables, su verdadero valor reside en el impulso que generan para avanzar. Es en el esfuerzo continuo donde encontramos nuestra riqueza y crecimiento.

Si aprendemos a ver cada desafío como una oportunidad para progresar, y recordamos que lo esencial no es llegar a un destino final, sino disfrutar y aprender en cada paso, nuestros sueños y aspiraciones seguirán siendo una fuente inagotable de motivación.

¡Feliz 2025 y feliz camino!



1) Calendario solidario 2025, RED SOS REFUGIADOS EUROPA, mes de Noviembre.Más información

2) ESTA FRASE SE ATRIBUYE ERRÓNAMENTE A EDUARDO GALEANO, PERO ES DEL CINEASTA FERNANDO BIRRI, COMO EL PROPIO EDUARDO EXPLICÓ EN ESTA ENTREVISTA lA UTOPÍA ESTÁ EN EL HORIZONTE

domingo, 22 de diciembre de 2024

FELIZ NAVIDAD

 


La próxima publicación, "La utopía está en el horizonte", aparecerá el domingo 12 de enero de 2025.

domingo, 15 de diciembre de 2024

LETRAS Y NÚMEROS

 

HACE ALGUNOS AÑOS los maltratados profesores de la pública fuimos amenazados con la conversión de los institutos de secundaria en centros bilingües. Certificar un nivel avanzado de inglés se convirtió en una verdadera obsesión y las academias se llenaron de docentes a la caza del "First Certificate", entre ellos yo misma. Treintañeros y cuarentones exhaustos, padres y madres de familia con nenes pequeños, ahí nos tenías conjugando el verbo "to be" bastante azorados en presencia de profes mucho más jóvenes que nosotros. Al menos a mí me tocó una jovencita muy altiva, que nos miraba como a insectos insignificantes cada vez que tratábamos de tartamudear dos frases seguidas. Acudía yo a estas clases a última hora de la tarde, en pleno invierno, y no podía evitar sentir gran compasión hacia mí misma. Cierto día nos interrumpió una anciana de aspecto humilde y evidentemente desorientada. La profe le dirigió una de sus miradas despreciativas. Se hizo el silencio. La pobre señora sólo acertó a preguntar si allí se enseñaban "letras y números". Venía ella también a última hora, atravesando las calles heladas, para aprender a leer y a contar. En un segundo se me presentó con crudeza la infancia robada de aquella mujer, las condiciones de trabajo durísimas, la condena a la pobreza de por vida. Le calculé más de setenta años. Setenta años de espera para aprender a leer y a  contar. Nuestra profesora, de pronto muy amable, la acompañó al pasillo y le dió instrucciones en español. A los demás nos cambio el gesto y el humor. Nunca más he vuelto a quejarme cuando he tenido la oportunidad de aprender algo nuevo. El First lo aprobé al cabo de un tiempo. En cuanto al instituto, nunca fue bilingüe pero saber inglés me ha venido de maravilla.

RECORDATORIO

 TODOS LOS VIERNES DE 11:05 A 11:30

 LOS ALUMNOS DEL PRADO DE SANTO DOMINGO DE 3º 4º ESO Y BACHILLERATO.

 PUEDEN DIRIGIRSE AL ESPACIO DE SILENCIO Y RELAJACIÓN DEL AULA DE MÚSICA. 

domingo, 1 de diciembre de 2024

SOBRE LAS PANTALLAS (INCLUÍDA ESTA)

 


Me ha llamado poderosamente la atención, por lo poética y bien escrita, la Carta al Director de un tal Gustavo Javier García, publicada en el periódico El País el pasado 24 de Noviembre (1)

Estamos en una época donde la saturación ha dejado de ser un privilegio para convertirse en una carga. Los jóvenes vivimos con un vacío que no logramos nombrar, un hambre constante que nunca se calma. Todo parece diseñado para consumirse rápido: comida, experiencias, relaciones... Las pantallas son la nueva mesa donde se sirven fragmentos de sueños, emociones prefabricadas y distracciones que saben a poco. La tristeza no golpea de frente, se infiltra como un goteo lento. No es la falta de algo, sino el exceso de lo que no alimenta. Igual que el hambre, grita de forma silenciosa, pidiendo sentido, conexión, algo verdadero que no se halle entre los restos de un festín que nunca satisface.

El mismo día, en Opinión, Elvira Lindo escribe sobre aquellas mamás de los años ochenta del pasado siglo (2):

Seríamos un desastre, lo éramos, pero estos niños que criamos sin manuales ni brújula pedagógica nos echan de menos o se echan de menos a sí mismos (...) Me siento afortunada de haber sido madre entonces, más bien aliviada por no haberme tenido que enfrentar a la adicción a las pantallas, a la poderosa marea de desinformación que les escupen las redes sociales y que instruye al 60% de los adolescentes o a que los niños sean iniciados en el sexo con vídeos cargados de violencia y misoginia.

Termino mi breve exposición de domingo con la narración de una escena que tuve ocasión de contemplar en el metro de Madrid en las mismas fechas en que una mamá de los ochenta y un joven de nuestros días mostraban públicamente su rechazo a las omnipresentes pantallas. Una niña de unos cinco años, muy arregladita y muy mona, tomó asiento en un banco del andén entre una mujer que parecía ser su madre, y otra mucho más joven que debía ser la hermana mayor. Para entretener la espera, la niña hacía girar unas pulseritas plateadas. Maravillada por los destellos quiso compartir su entusiamo con la mamá. Pero estaba la buena señora enfrascada con el móvil y apenas le dirigió la palabra. Lo intentó entonces con la hermana, que rechazó con aún más brusquedad el intento de diálogo de la peque. Me dieron ganas de acercarme yo a charlar con ella, pero no me atreví. Sí que me quedé pensando en el alto precio que vamos a pagar por no conversar lo suficiente con los que tenemos al lado, enfrascados, como bien dice Gustavo Javier, en emociones prefabricadas distracciones que saben a poco.

Eso es todo por hoy. Voy a apagar el ordenador. Quizá el móvil también... si soy capaz.

1) Gustavo J. García "El hambre de lo invisible" El País, Cartas al Director, 24-11-24 Acceso a enlace

2) Elvira Lindo "Madres de los ochenta" El País, Opinión, 24-11-24 Acceso a enlace