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domingo, 13 de febrero de 2022

M DE MÚSICA, DICCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES

 

 Tengo dos maneras de relacionarme con la música: una cuando la interpreto y otra cuando la escucho. La interpretación está siempre ligada al piano, y la escucha en general a la Radio Clásica (1) Hace muchos años ejercí la crítica profesional de esta parcela de la programación de la Radio Nacional de España en el periódico ABC. Me conocía a todos los presentadores, sabía cómo se llamaba cada uno de los espacios. Comprendí ya en aquella época que  por clásica se entendía la música de calidad, no sólo Mozart y Beethoven. También el cante popular, el flamenco, el jazz, los estándar de la música latina, las rarezas de la música oriental. Todavía hoy escucho la radio a menudo, especialmente en mis desplazamientos en coche. Si me toca "La hora de Juan Sebastian Bach" el tiempo parece transcurrir más despacio, mi alma se expande con ese mensaje de profunda espiritualidad no exenta de júbilo y esperanza. Los conciertos me resultan arrebatadores, porque en ellos toda una orquesta dialoga con el solista. Qué bello imaginar que es uno mismo el que toca la trompeta o el violonchelo. Hay también programas para niños que me dan ideas para mis propias clases. Y el "Viaje a Ítaca" es una travesía en la que la música sirve de vehículo para descubrir ese entramado complejo que llamamos cultura. Escucho y mi mente pasea por un lugar que no conozco, entiendo un texto que no he leído, cantado en un idioma que desconozco, sonrío a veces, otras lloro, y se me vienen a la cabeza asombrosos recuerdos de mi infancia, de mi juventud. Tiene la música ese mismo poder que otorgaba a los aromas Patrick Süskind en su novela "El perfume", o Proust a los sabores en su búsqueda del tiempo perdido. Al hilo de estas reflexiones mi querida alumna Isabel añadía "Yo no concibo un mundo sin música, ya que ella misma estructura la mayor parte de mí. Cambia mi visión sobre el mundo, me permite expresar sentimientos que muchas veces no sería capaz de explicar de otra forma". Pero también hay mucho alumno desencantado. "¿Para qué sirve la música, profe?", me dice alguno. ¿Para ser más sensible, para apreciar la belleza que nos rodea, para entendernos mejor a nosotros mismos? Si das valor a esas pequeñeces, pues resulta que la música es para el alma lo mismo que la gimnasia para el cuerpo. No lo digo yo, por lo visto lo dijo Platón hace ya mucho tiempo. Aunque no se queda corto mi estimado Óscar cuando filosofa: "la música es una de esas pasiones que nos alegran la vida e incluso nos la alargan porque siendo felices afrontamos mejor las cosas".

domingo, 6 de febrero de 2022

L DE LOGRO, DICCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES

 

A lo largo de la semana se ha hablado sin cesar del asombroso triunfo de Rafael Nadal en el Open de Australia. A sus 35 años, seriamente lesionado tras una carrera deportiva de altísima exigencia, y con el partido en contra, Nadal ganó la copa que le proclama como uno de los mejores tenistas de la historia y, a nivel mental, el más singular de todos. Toni Nadal, que le entrenó durante muchos años, realizaba un análisis de la trayectoria de su pupilo que a mi juicio merece comentarse en un aula (1). En él nos dice que "mi sobrino se preparó durante muchos años para afrontar la dificultad. Tenía la obligación de no quejarse, de entrar en la pista cada día con buen ánimo, de aceptar que las cosas no salen bien de inmediato y de asumir la dificultad tanto física como mental, pero sobre todo de aceptar que aunque hiciéramos todo eso no necesariamente las cosas saldrían bien. (...) Hacer todo lo que toca no nos garantiza el éxito; no hacerlo casi con toda seguridad nos garantiza el fracaso. Pero habrá un día que conseguiremos darle la vuelta a la situación. y ese día justificará todos los anteriores".
Me he acordado al leer este artículo de todas las veces que os he hablado del Beethoven sordo, del Braille ciego, del Wittgenstein manco. Me he acordado también de los logros de las mujeres que se empeñaron en ser compositoras a pesar de tenerlo todo en contra: la tradición, la familia, las inercias sociales. Ahí han quedado las obras de Francesca Caccini, Barbara Strozzi, Marianna Martines, Fanny Mendelssohn (2) Unos empuñando la raqueta, otros la batuta, la pluma y la tinta, todos y todas (perdón por el lenguaje inclusivo, en este caso sí hace falta) coinciden en exhibir una fe inquebrantable en su capacidades y un amor profundo por la profesión escogida. Nos recuerdan además lo injusto de atribuir el éxito de los demás a un mero golpe de fortuna. La suerte existe, claro. pero sólo para el que enfrenta los partidos que la vida nos obliga a jugar con buena cara, sin arrojar ni romper la raqueta, sin escuchar esa voz insidiosa que nos  invita a abandonar a la primera de cambio.  Si has tenido la paciencia de leer esto es porque, en el fondo, sabes perfectamente de lo que hablo. 



domingo, 30 de enero de 2022

L DE LOHENGRIN, DICCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES

 

Un magnífico cisne arrastra por el río una barca. En ella refulge la armadura del joven que viene a defender el honor de Elsa de Brabante La doncella ha sido injustamente acusada de matar a su hermano. El recién llegado está dispuesto a someterse al juicio de Dios en un combate, y sólo pide a Elsa que respete la incógnita de su nombre y origen. Ella acepta. Comienza así Lohengrin, la ópera de Wagner inspirada en los romances medievales que se hacían eco de la historia del misterioso Caballero Cisne. El protagonista resulta vencedor pero se verá obligado a alejarse de Elsa cuando esta finalmente le hace las preguntas prohibidas.

Muchas leyendas y cuentos nos hablan de mujeres curiosas, y del precio que pagaron por indagar en exceso. El castillo de Barba Azul, única ópera de Béla Bártok, llevaba a escena el terrible cuento de la recién casada que se decide a abrir todas las puertas del mencionado castillo, descubriendo así los cuerpos de las anteriores esposas de su marido, que resulta ser un asesino en serie. En el ballet de Tchaikovsky "La Bella Durmiente", la princesa Aurora cae fulminada mientras examina de cerca la rueca prohibida. No será la única. A la hermosa Blancanieves le venía a pasar lo mismo por morder la manzana a pesar de los buenos consejos de sus amigos los enanitos. Advertidas estaban todas ellas del peligro de ser "demasiado curiosas" pero las muy tontas prefirieron hacer preguntas o actuar por su cuenta y riesgo. El resultado siempre es nefasto. Mira tú por dónde no pudieron estarse en su sitio, cerrar el pico, hacer lo que se les dijo.

Hoy en día se sabe que la curiosidad es un elemento clave en el aprendizaje, y por supuesto en toda investigación. No podemos avanzar sin hacernos preguntas, ni pretender que otros nos rescaten mientras observamos con estupor a nuestro alrededor. La curiosidad y el asombro son característicos del pensamiento científico, y deben promoverse desde la infancia. Sin embargo, son numerosos los relatos en que la curiosidad femenina está en el origen de un final desgraciado. La machacona reiteración del mito no ayuda a que las chicas se sientan cómodas cuando hacen preguntas, investigan o se muestran intrépidas y valientes.

No seré yo quien le diga a Lohengrin que se de media vuelta. Es seductor, atractivo, generoso, fuerte. Nos encanta verle aparecer, claro que sí. Y el cisne es una monada. Ahora bien, eso de alejarse cuando le preguntamos quién es vamos a dejarlo para la Edad Media. Un Lohengrin actual se queda a nuestro lado, y no sólo nos apoya sino que nos enseña a manejar la espada. Así sí, ¿no os parece?



domingo, 23 de enero de 2022

L DE LÁGRIMA, DICCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES


 "Una furtiva lágrima asomó en sus ojos: ¡Me ama, sí, me ama!"  Canta así Nemorino la romanza más famosa de la ópera "El elixir de amor". Una breve lágrima en el  rostro de la chica que le gusta y este encantador personaje cree adivinar los sentimientos que nadie ha puesto aún en palabras.

Poetas y músicos han dado un gran valor a la presencia de las lágrimas y así lo contaba Bécquer en su famosa rima XXX:

 Asomaba a sus ojos una lágrima,
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: “¿Por qué callé aquel día?”
Y ella dirá: “¿Por qué no lloré yo?”

Sin embargo, en el lenguaje cotidiano muchas frases hechas conllevan un elevado nivel de desprecio hacia el llanto en público: "a llorar a la llorería", "eres un llorón/llorona", "los niños no lloran", y la peor de todas: "llora como una mujer lo que no supiste defender como un hombre", frase atribuida a la madre de Boabdil cuando este perdió la plaza de Granada. 
Cierto es que las personas quejicas, protestonas y malhumoradas no son una compañía deseable. Pero despreciar a la persona que llora porque está profundamente emocionada es un error. Se nos saltan las lágrimas cuando algo nos aflige, pero también cuando algo nos emociona, nos hace felices, es bello o conmovedor. Ciertas músicas, películas, cuadros y poesías nos hacen llorar, y benditas sean esas lágrimas pues tienen un gran valor terapéutico. Nos sanan y nos rescatan. Nadie debería avergonzarse de sus lágrimas, pues yo misma he llorado abiertamente de felicidad en alguna ocasión, y cuando he llorado de tristeza he sentido que el llanto me consolaba y me curaba a la vez. "Piedad para esa gota que es cual llama/de la que el corazón se desahoga/cual desahoga espinas una rama" dejó escrito José Ángel Buesa. Compasión para el que llora, compasión hacia nosotros mismos cuando lloramos. Cervantes nos regala otra frase en su inolvidable Quijote: "más vale la pena en el rostro que la mancha en el corazón".

domingo, 16 de enero de 2022

L DE CONDUCTOR, DICCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES

 

Me los encuentro a menudo cuando voy a trabajar, ya que en Alcorcón hay un centro de la dirección general de tráfico. Son los learnes, los aprendices. Aunque aprueben el examen de conducir, están obligados a llevar una L bien visible en la luna trasera del coche durante el primer año de conducción.
También la llevan los coches de las autoescuelas. La placa recuerda al resto de conductores que deben tener paciencia con los primerizos. Los comienzos pueden ser difíciles, y se cometen errores. Pero en algún momento hay que empezar. El novato no debe confiarse, y el veterano tiene que ayudar. 

El verbo conducir tiene otras acepciones. El arte de conducirse en la vida ha sido objeto de numerosos tratados, tal vez el más conocido el de Azorín que hace ya casi un siglo recomendaba a la clase política tolerancia, magnanimidad, nobleza y maneras finas. Vaya, que se nota que es un libro muy leído, ja, ja, ja.
Viene a cuento la referencia porque, dada la torpeza con que a veces nos conducimos, no estaría de más que nos acordáramos de llevar una letra L en el corazón, y que fuéramos capaces de verla en los demás. Todos somos aprendices, y si queremos conducir nuestra vida sin empujar a otros tendremos a la vez que prestar atención a nuestras acciones y perdonar un poco las maniobras extrañas que a menudo nos confunden y enfadan.
Antes de la pandemia, cuando era posible cantar sin mascarilla y compartir instrumentos, se montaban actividades en grupo muy hermosas. Mi consejo a los alumnos siempre era el mismo, "presta atención a tu interpretación, y tolera los errores del otro". El resultado era maravilloso.
"Mente de principiante" recomiendan los expertos en atención plena. Tú estás aprendiendo, el otro también. Es la única manera de ensayar, la única manera de llegar a la ejecución perfecta. Mejor aún, la única manera de afrontar el hecho de que muy pocas veces somos perfectos. No por ello la vida es menos estimulante. 

El pupilo observa los pasos que sigue su maestro cuando toca el piano. La forma en la que coloca las manos y la delicadeza que muestra al moverlas. Intenta imitarlas con torpeza. En un principio querrá abandonar, porque no le sale. Pero si en verdad tiene motivación irá realizando el trabajo como una hormiguita hasta convertirse en un experto. Muchas veces no aprendemos porque nos enfocamos en ser mejores que los demás y en el momento en el cometemos un fallo no somos capaces de reaccionar. Pero el verdadero aprendizaje se construye en equipo. Isabel, 3º ESO
 Una serie que terminé hace poco estaba protagonizada por un chico de apenas 14 años llamado Kousei. Su madre le enseñó a tocar desde que era muy pequeño, y en ese punto comenzó su aventura como "learner",  equivocándose una y otra vez.  En el primer concurso donde participó, Kousei fascinó al público porque  tocaba de una forma tan exacta que se ganó el apodo de "el metrónomo humano". Diamante, 4º ESO

domingo, 19 de diciembre de 2021

K DE KILO, DICCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES

 

La medida de la música se produce, como bien sabéis, en el tiempo. Hay motivos musicales de apenas cuatro segundos, y óperas que necesitan cuatro horas para ser representadas. Hay figuras rítmicas de larga duración, como la redonda, y otras tan mínimas que apenas las percibimos, como las semigarrapateas. Para determinar la velocidad de la obra se utiliza el metrónomo, para determinar su duración total desde un cronómetro hasta un reloj. Todos son instrumentos de precisión que van partiendo el tiempo en trocitos, y nos ofrecen cierta ilusión de control, cuando es en realidad el tiempo el que nos construye a nosotros y no al revés. El tiempo no se puede atrapar, y por tanto la música tampoco. Se desvanece en el aire en el momento en que se produce. 

Una báscula o un peso miden la masa de un cuerpo. La unidad de medida es el kilo, una medida que nos obsesiona y nos divierte a la vez. Podemos conocer nuestro valor en kilos, pero no podemos saber a qué equivale ese peso en términos de bondad, simpatía, generosidad. De alguna manera, nuestras mejores cualidades se alinean con la música en el sentido de no medirse en los mismos términos materiales que la fruta, las patatas o el propio cuerpo.

Un paseíto por los lineales de cualquier supermercado estos días nos ofrece la obscena exhibición de bombones, dulces, carnes, y exquisiteces de todo tipo que recuerdan a la tierra de Jauja "en la tierra de Jauja hay un río de miel y otro de leche, y entre río y río hay una fuente de mantequilla y requesones, y caen en el río de la miel, que no parece sino que están diciendo: «cómeme, cómeme»" (1)


Se nos advierte del peligro de ganar un par de kilos durante las fiestas, pero a la vez nos abruma la asombrosa disponibilidad de toda clase de manjares en los banquetes a los que asistimos. Es difícil ejercer el autocontrol en situaciones así. Para los afortunados de la tierra es difícil en cualquier momento del año. Desde 1976, la obesidad casi se ha triplicado en todo el mundo. (2) 

No pretendo en esta modesta entrada dar una receta para resolver un tema tan complejo. Yo misma he perdido en numerosas ocasiones la conciencia de mis auténticas necesidades. ¿Quiero esa chocolatina o lo que siento es un vacío que hay que llenar como sea? ¿Noto cuándo tengo hambre? ¿Escucho a mi cuerpo lo que debería?. Y también lo contrario, ¿qué pasa si mi cuerpo demanda comida y no se la ofrezco porque me obsesiona un peso excesivo?

Hay una limitación en el número de kilos que uno debe pesar para estar sano y en forma, tanto por exceso como por defecto. Sin embargo, no hay límites ni "índices saludables" para el tiempo que podemos dedicar a nuestro espíritu, a oír música bella, a contemplar un cuadro, a formarnos, a cultivar ese jardín interior del que hablábamos en la entrada anterior. 

La navidad puede ser una buena ocasión para ponernos a prueba. Si cuando termine aún podemos abrocharnos los pantalones pero somos más refinados, cultos, buenos y amorosos es porque lo hemos hecho bien. Así que la próxima vez que vayamos a por un turroncito entre horas cambiemos el rumbo y demos un beso a alguien querido, o enviemos un mensaje cariñoso a un amigo o, simplemente, abramos un buen libro.

(1)La tierra de Jauja, Lope de Rueda

(2)Datos OMS

domingo, 12 de diciembre de 2021

J DE JUGAR, DICCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES

 Atribuída a menudo a Haydn, la  "Sinfonía de los juguetes" es una preciosa obra orquestal que incluye el sonido de un tambor de hojalata, una matraca, una máquina de viento, un silbato... Los peques disfrutan mucho al escucharla, y más aún si se les permite participar en el concierto. En los niños, jugar es una necesidad vital pero ¿y en los adultos?



Al crecer dejamos de lado, como es natural, las muñecas, los trenes, el castillo y los mecanos. De pronto, la cocinita es ya una cocina de verdad, y poner el puchero se ha convertido en  una tediosa carga. El coche que nos espera a la puerta no nos hace felices, pese a que de niños nos encantaba conducir uno de los que el carrusel de feria hacía girar ante nuestros ojos maravillados. La caja de herramientas está arrinconada, pues nada más aburrido que colgar un cuadro, o armar un mueble.
Jugábamos a ser mayores y cuando al fin lo somos, la felicidad esquiva nuestros intentos por atraparla. Nos tomamos la vida muy en serio, y nos falta esa flexibilidad que tuvo Haydn (o quien de verdad escribiera la obra) de hacer sonar tamborcillos y silbatos en una obra tan formal como una sinfonía. 
Toda nuestra vida es una gran partitura, y en ella deberían tener cabida las sonoridades inesperadas, el sentido del humor, la capacidad de jugar con las diferentes situaciones y sobre todo la envidiable capacidad de los niños (nosotros lo fuimos) para divertirse sin complejos. Estamos rodeados de oportunidades para que nuestra vida sea más plena, más consciente y más alegre. Y si bien no todas las situaciones pueden convertirse en un juego, desde luego que sí algunas más de las que pensamos. 
Todas las personas mayores han sido niños antes, pero pocas lo recuerdan.  Estas palabras de "El Principito" pueden ser un buen punto de partida para nuestro regreso al País de Nunca Jamás. Hemos crecido, sí. Pero Peter Pan es aún nuestro amigo, y si se cuela por la ventana de nuestro corazón algo del polvo de las hadas nos rozará levemente.

 Conforme uno va creciendo va adquiriendo responsabilidades. Pero si tienes un momento de relax, en vez de hacer lo que es "correcto para tu edad"  haz lo que te gusta. Óscar, 3º ESO