COMENDADOR
- Don Giovanni, a cenar vengo. Me invitaste y aquí estoy.
DON GIOVANNI
- ¡que sirvan enseguida otra cena!
COMENDADOR
- No hace falta. No se nutre de alimentos humanos quien se nutre de alimentos celestiales.
Así comienza la conversación final entre Don Giovanni (Don Juan) y el espíritu que ha venido a visitarle. Una visita aterradora, ya que se trata de un hombre a quien Don Juan mató en una pelea. Como si eso no fuera suficiente, luego se ha burlado delante de su tumba invitándole a cenar. El muerto se presenta, ¡vaya que si se presenta! La música de Mozart engrandece y potencia la magnitud del drama. ¿Reconocerá Don Juan sus errores? ¿Pedirá perdón? Tenebrosos acordes en la orquesta anuncian un desenlace fatal. Dejo al lector la tarea de descubrir esta ópera, si es que no la conoce, y yo me centraré en las palabras del Comendador, que renuncia a los manjares que están sobre la mesa porque prefiere el "alimento celestial". La sutileza de esta respuesta pasa totalmente desapercibida a su frívolo y desconsiderado enemigo.
Don Juan sólo piensa en mujeres, en diversiones, en comilonas y en borracheras. No le mueven otras pasiones que las que le dictan su egoísmo y su vanidad. La frialdad de sus sentimientos va directamente ligada a su conducta. Le vemos a lo largo de la obra siempre insatisfecho, a la búsqueda y captura de nuevas emociones y desafíos. Nunca es bastante porque nunca busca dentro de sí mismo. No hay reposo alguno en una existencia que sólo se nutre de sexo, alcohol, juego, banquetes...
Hoy en día sabemos que las personas capaces de huir de la satisfacción inmediata de sus deseos, capaces por así decir de alimentarse de manjares espirituales, viven su existencia con una plenitud y armonía desconocida para los demás. Una gran distancia emocional separa el tranquilo paseo por el bosque, donde te integras y formas parte de un todo, de la estimulante visita al centro comercial en que todo está pensado para un consumo salvaje. Compras y compras, y nunca quedas satisfecho, porque la existencia no puede llenarse con la acumulación de objetos. Lo mismo para las relaciones amorosas. Ignora Don Juan que al abandonar a una mujer tras otra pierde la oportunidad de dejarse envolver por el conocimiento y el vínculo profundo con el otro, aspectos de la existencia que ha desechado en su búsqueda loca de nuevos desafíos.
Y ¿qué decir de la manera en que comemos? ¿Qué nos pasa cuando atacamos sin piedad el paquete de galletas y no dejamos ni una? Recomendaciones como aumentar el consumo de fruta y verdura o evitar la comida basura ponen el foco en el aspecto más superficial del sobrepeso que afecta a gran parte de la población mundial. Aprender a comer significa asumir que no sólo hay que alimentar el cuerpo. Que también hay que alimentar la mente, y ofrecerle otro tipo de alimentos. Educación, arte, cultura, pueden llenar vacíos existenciales como no podrá hacerlo nunca el festín desenfrenado, el éxito en la aplicación de citas, el me gusta de la red social. No se trata de "cuanto más mejor". Si Don Juan lo hubiera entendido a tiempo, su historia hubiera acabado de otra manera. No quiero haceros spoiler así que, aquí lo dejo.
"Podemos dar de comer a los nervios respirando hondo" Óscar Tablero, 2º ESO
"Recuerdo hace varios años que leí un libro de autoayuda donde se
identificaba la gratificación instantánea con el monstruo de las
galletas, que nunca estaba satisfecho" Pablo Resa, UCM
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domingo, 1 de marzo de 2020
domingo, 23 de febrero de 2020
C DE CALUMNIA, DICCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES
Mis queridos lectores,
me vengo acordando estos días de uno de los temas de la ópera de Rossini "El barbero de Sevilla". La función narra los amores de Rosina y el Conde Almaviva. Su relación se ve estorbada por Don Bartolo, que también pretende casarse con Rosina. Un pérfido amigo le sugiere acabar con la reputación del conde esparciendo rumores falsos sobre él. ¿Por qué hacerlo así? Porque una calumnia se difunde rápidamente y causa daños irreparables. Leed vosotros mismos el resumen que os hago de este momento musical:
"La calumnia es un vientecito, como una suave brisa
que ligera y suavemente ha empezado a susurrar.

En voz baja y silenciosa, va fluyendo, causa risa;
todo el mundo se divierte, ¿qué podría salir mal?.
Gana fuerza poco a poco, no parece tener prisa
pero puede asegurarse que al final estallará.
No se podrá defender el que ha sido calumniado
cuando de forma tan pública la tormenta le ha alcanzado."
Es un texto fabuloso para reflexionar en esta época que nos toca vivir en que mentiras e insultos se esparcen con una velocidad y una eficacia nunca vistas. Calumnia, difamación, injuria... coinciden en ser como ese vientecito del que habla Rossini en su ópera, que al final se convierte en una tormenta. Hacerlo en las redes sociales agrava el daño, porque multiplica el alcance de cualquier habladuría, de cualquier sospecha. ¡Qué contento se hubiera puesto este Bartolo si hubiera tenido la ocasión de usar los stickers del Whatsapp o de hacer sus comentarios maliciosos en Twitter de forma anónima y despreocupada!
Cuando escuchamos la ópera nos divierte y nos escandaliza a un tiempo lo que en ella se dice. Nos parece que nunca actuaríamos así, que no queremos ser esa clase de personas. Pero luego el día a día es un banco de pruebas bastante eficaz, en donde realmente demostramos nuestra fortaleza y nuestra habilidad para resistir las tentaciones. La foto de ese compañero que se quedó dormido en el autobús puede ser muy graciosa. La del profe que bizquea porque le ha dado el sol en los ojos todavía más. Toca reirse un rato, y luego retuiteralo, difundirlo. Si es divertido ¿por qué no hacerlo?
Como rendida admiradora de la filosofía estoica, cedo la palabra a mi querido Marco Aurelio, emperador de Roma muchos siglos atrás, quien en sus Meditaciones nos recuerda una y otra vez que formamos parte de un todo, y que sólo seremos felices si, mirando por nuestros semejantes, tenemos sumo cuidado en no dañarles con nuestras acciones o palabras. Como buen estoico, los textos que escribió no son exactamente divertidos. Pero a mí me hace sonreir cuando leo que "no siendo indispensables la mayor parte de nuestras palabras y de nuestras acciones, si se las cercenase se gozaría de más holgura y tranquilidad". Razón tiene el emperador al sugerir contención y silencio. En la primera página de sus meditaciones manifiesta sus desprecio a los chismosos, a los maledicentes, a los charlatanes. Murió en el siglo II después de Cristo pero, la verdad, qué moderno resulta.
A veces, la gente no tiene empatía, no piensa si eso que va a hacer puede hacer daño a otras personas (...) La broma solo es divertida cuando todos nos reímos. Me parece increíble que las meditaciones de un hombre que falleció en el siglo II puedan aplicarse de una forma tan correcta a la actualidad. Silvia Zamarreño, 3º ESOLa vida en sociedad es muy compleja y vivimos diariamente este tipo de ataques hacia personajes de todo tipo, a veces muy lejanos y con la consiguiente sensación de levedad e impunidad, ya que seguramente esos comentarios nunca lleguen al personaje en cuestión. Sin embargo, cuando el comentario es sobre alguien cercano, como puede ser un profesor, un compañero, una amiga, un familiar... el escenario es muy distinto (...) y un comentario desacertado puede tener consecuencias insospechadas. Pablo Resa, UCM.
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domingo, 16 de febrero de 2020
C DE COLOR, DICCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES
Hola de nuevo,
¿SE TE HA OCURRIDO ALGUNA VEZ PENSAR EN LO QUE SENTIRÍAS SI DE PRONTO EL MUNDO PERDIERA SUS BRILLANTES COLORES?
En la novela de Charlotte Brontë titulada "Jane Eyre" la infeliz Jane toma la medida de su tristeza el día en que un plato de porcelana de radiantes colores a ella le parece marchito y sin interés. Huérfana, acorralada entre parientes que no la aman, sus descripciones de los paisajes y personas que la rodean están siempre teñidos de un pesimismo gris: "de vez en cuando me ponía de pie para mirar el paisaje de invierno. Todo se fundía en un horizonte plomizo de nieblas y nubes". Qué cierto es que el alma parece colorearse del tono con que contemplamos las circunstancias que nos toca vivir. En este libro, el color de las cosas es el color del estado de ánimo de la protagonista.
De manera diferente, en la novela de Lois Lowry The Giver (difícil traducción, digamos que viene a ser el dador o el otorgador) un joven, prisionero sin saberlo en un mundo donde los colores han desaparecido, es capaz de pronto de percibir las manzanas de magnífico rojo. Poco a poco ese don se amplía hasta el punto de permitirle no sólo "ver" sino también "oir" diferentes tonalidades. En el caso de Jonas -ese es su nombre- no es el estado de ánimo sino las facultades perceptivas las que están afectadas. Ni la música ni el color tienen cabida en su mundo. A su alrededor la gente vive anestesiada, sin distraerse jamás con "tonterías" tales como oir una canción o contemplar un paisaje. Cuando empieza a percibir colores y tonos musicales, toma la decisión de escapar.
Muy a menudo los alumnos me han preguntado en clase ¿para qué la música, profe?, ¿para qué estudiar algo que no es útil, que no sirve para nada? Entonces me siento al piano y dejo que la música hable. El piano es mi explicación, ya que los músicos aplicamos el concepto de color al timbre específico de cada instrumento. ¿No sirve para nada? Quizá. Pero es que yo no quiero que sirva "para algo", no quiero vivir en un mundo donde todo sea útil. La distopía que explora Lowry señala precisamente cómo un exceso de racionalización puede conducirnos a un mundo injusto y cruel. Luego está la propia experiencia, claro. No me quedo contemplando asombrada mi coche porque me lleva de aquí para allá. Pero sí me detengo a veces un momento y contemplo el cielo y las nubes, y los pájaros. Los oigo cantar y canto con ellos. Me siento libre y feliz como no me siento jamás cuando estoy sacando pasta del cajero. Necesito un mundo que no sea del color de un billete sino del color de los ojos de mis alumnos cuando me prestan su atención y una chispa de comprensión brilla en el fondo de sus pupilas, del color del atardecer que es el mismo que siglos atrás contemplaron los hombres y mujeres que nos precedieron en el camino, de los colores de la música que, como la paleta cromática, no nos hacen falta para vivir pero nos dan una razón para vivir.
A veces, como le pasaba a Jane Eyre, la vida nos lo pone difícil y todo parece apagarse. Pero ¿preferiríamos el mundo sin colores de Jonas? Yo tengo clara mi respuesta.
¿SE TE HA OCURRIDO ALGUNA VEZ PENSAR EN LO QUE SENTIRÍAS SI DE PRONTO EL MUNDO PERDIERA SUS BRILLANTES COLORES?
En la novela de Charlotte Brontë titulada "Jane Eyre" la infeliz Jane toma la medida de su tristeza el día en que un plato de porcelana de radiantes colores a ella le parece marchito y sin interés. Huérfana, acorralada entre parientes que no la aman, sus descripciones de los paisajes y personas que la rodean están siempre teñidos de un pesimismo gris: "de vez en cuando me ponía de pie para mirar el paisaje de invierno. Todo se fundía en un horizonte plomizo de nieblas y nubes". Qué cierto es que el alma parece colorearse del tono con que contemplamos las circunstancias que nos toca vivir. En este libro, el color de las cosas es el color del estado de ánimo de la protagonista.
De manera diferente, en la novela de Lois Lowry The Giver (difícil traducción, digamos que viene a ser el dador o el otorgador) un joven, prisionero sin saberlo en un mundo donde los colores han desaparecido, es capaz de pronto de percibir las manzanas de magnífico rojo. Poco a poco ese don se amplía hasta el punto de permitirle no sólo "ver" sino también "oir" diferentes tonalidades. En el caso de Jonas -ese es su nombre- no es el estado de ánimo sino las facultades perceptivas las que están afectadas. Ni la música ni el color tienen cabida en su mundo. A su alrededor la gente vive anestesiada, sin distraerse jamás con "tonterías" tales como oir una canción o contemplar un paisaje. Cuando empieza a percibir colores y tonos musicales, toma la decisión de escapar.
Muy a menudo los alumnos me han preguntado en clase ¿para qué la música, profe?, ¿para qué estudiar algo que no es útil, que no sirve para nada? Entonces me siento al piano y dejo que la música hable. El piano es mi explicación, ya que los músicos aplicamos el concepto de color al timbre específico de cada instrumento. ¿No sirve para nada? Quizá. Pero es que yo no quiero que sirva "para algo", no quiero vivir en un mundo donde todo sea útil. La distopía que explora Lowry señala precisamente cómo un exceso de racionalización puede conducirnos a un mundo injusto y cruel. Luego está la propia experiencia, claro. No me quedo contemplando asombrada mi coche porque me lleva de aquí para allá. Pero sí me detengo a veces un momento y contemplo el cielo y las nubes, y los pájaros. Los oigo cantar y canto con ellos. Me siento libre y feliz como no me siento jamás cuando estoy sacando pasta del cajero. Necesito un mundo que no sea del color de un billete sino del color de los ojos de mis alumnos cuando me prestan su atención y una chispa de comprensión brilla en el fondo de sus pupilas, del color del atardecer que es el mismo que siglos atrás contemplaron los hombres y mujeres que nos precedieron en el camino, de los colores de la música que, como la paleta cromática, no nos hacen falta para vivir pero nos dan una razón para vivir.
A veces, como le pasaba a Jane Eyre, la vida nos lo pone difícil y todo parece apagarse. Pero ¿preferiríamos el mundo sin colores de Jonas? Yo tengo clara mi respuesta.
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sábado, 8 de febrero de 2020
C DE CONFIANZA (Così fan tutte), DICCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES
Fiordiligi y Dorabella: he aquí dos jovencitas profundamente apenadas. Sus novios se han marchado a la guerra, cualquier desgracia podría suceder y además, ¡les van a echar muchísimo de menos! Lo que no saben es que ellos han fingido su partida. Tienen pensado poner a prueba su fidelidad y se proponen conquistar cada uno a la novia del otro. Este es el argumento de la famosa ópera de Mozart "Così fan tutte" que tanto nos divierte y conmueve casi tres siglos después de su estreno. Plantea dilemas que no han pasado de moda.
La idea de los protagonistas masculinos surge en una conversación en la que presumen de tener las novias más fieles del mundo. Su amigo Don Alfonso se ríe de ellos. Su hiriente frase, en italiano, da título a la obra ("così fan tutte" significa "todas son iguales", igual de traicioneras y falsas en su opinión). Indignados, los muchachos no se lo piensan dos veces. Van a demostrarle que se equivoca. Las chicas por su parte encuentran enseguida la versión femenina de Don Alfonso entre su círculo de amigas. Siempre hay alguna dispuesta a hablar mal de los hombres ("son unos bestias, sólo quieren una cosa de nosotras y ya que se han ido deberíais aprovechar para divertiros"). Es fácil imaginar la que se lía.
Al margen del eterno debate sobre las formas de comportarse de hombres y mujeres, y de los clichés asociados a ellas, siempre me ha parecido que el asunto central de esta trama es la confianza. ¿Es realmente necesario poner a prueba las cualidades que damos por sentadas en aquellos que amamos? ¿Es lícito recurrir al engaño y a la mentira para obtener pruebas de lo que deseamos saber? La confianza no deja de ser una intuición, un feeling. Creemos en otra persona (amigo, novio, hermano, ¡alumno!) y partimos de la hipótesis de que, aún en nuestra ausencia, no nos va a traicionar. La confianza facilita las relaciones sociales precisamente porque no necesita pruebas. La lealtad se sobreentiende. Es un acto de fe en los demás, y también en uno mismo. No puede tener confianza alguna en el prójimo quien revela un secreto, o insulta desde el anonimato, o crea sospechas sobre alguien sin dar la cara. Pero si uno es realmente leal a los suyos, si se comporta siempre con nobleza, ¿por qué va a pensar que los demás son distintos?
Todo les sale mal a los amantes de esta ópera porque la idea inicial no deja de ser una absoluta falta de respeto a la confianza que debería presidir sus relaciones. Una falta de respeto que sigue presente en nuestras vidas a través de espacios televisivos como "La isla de las tentaciones". Más zafio, ordinario y brutal de lo que podría ser jamás una obra de Mozart, este programa parte sin embargo de la misma duda: ¿qué pasaría si...? y aunque en la ópera finalmente todos logran hacer las paces, el daño ya está hecho. "Desde hoy, seréis más sabios" dictamina Don Alfonso. ¿Seguro?
¡Buenas noches a todos! Soy Pablo Resa, exalumno de Cecilia y durante los próximos meses voy a estar de profesor de prácticas con todos vosotros. He disfrutado mucho leyendo vuestros comentarios y concuerdo con las ideas que planteáis. La confianza es fundamental en las relaciones humanas, sean del tipo que sean y, en efecto, la ópera Cosi fan tutte de W. A. Mozart muestra cómo los dilemas vitales más esenciales no han cambiado a lo largo de la historia. Estoy especialmente de acuerdo con Óscar Tablero y Nerea Díaz en cuanto a extrapolar la confianza a otros términos, en la música, por ejemplo, como intérprete se trata de un aspecto vital: la confianza en uno mismo y con el instrumento supone el éxito o no de los objetivos que te marques. En los estudios, en el trabajo, en el deporte, en el amor, en la amistad, en la familia... parece omnipresente. A veces, reflexionar sobre este tipo de cuestiones nos puede ayudar a relativizar y esclarecer qué es lo verdaderamente importante.
Recuerdo perfectamente el ejemplo que nos pusiste el otro día en clase de esta ópera de Mozart. Cuando nos la contaste me quede estupefacto, ya que en una relación siempre tiene que haber confianza. Si pones a prueba a aquellos a los que amas, eso significa que en el fondo en esas personas no confías. Daniel, 3º ESO
Me gustaría hablar de varias expresiones como "abuso de confianza" que quiere decir que una persona que ha sido respaldada se ha aprovechado de ese estado para perjudicar a la otra. Un "voto de confianza" es cuando una persona da una oportunidad a otra para llevar un suceso a cabo. Sobre la ópera de Mozart opino que los hombres no deberían haber "puesto a prueba" a sus mujeres. Mario, 3º ESO
La obra de Mozart sigue siendo moderna. La confianza es la base de una relación. En la ópera de Mozart, todos acaban perdonándose y olvidando lo sucedido pero hay situaciones en las que eso no ocurre y puede acabar peor. Y, aunque todo se arregle, siempre quedará esa espinita de lo ocurrido en el pasado. Silvia, 3º ESO
domingo, 2 de febrero de 2020
C DE CENICIENTA, DICCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES
La Cenicienta (Cinderella o Cenerentola) es una ópera de Rossini basada en el famoso cuento de la jovencita que escapa a un destino feroz a pesar de haber perdido un zapato por el camino. Tanto el cuento como la ópera siempre me han gustado mucho. Cuando empezó a decirse que la niñas debían dejar de soñar con su "príncipe azul" y que estas historias habían quedado desfasadas me sentí como la protagonista, un poco huérfana. ¿Qué haríamos sin nuestros sueños infantiles?
Me propongo hoy revisar la narración de la mano de mi querido Rossini con objeto de defender al personaje que está adornado, en mi opinión , de cualidades inmensas.
Como tantos niños, Cenicienta ha conocido una infancia feliz que acaba abruptamente con la muerte de su madre. La llegada de una madrastra egoísta y severa (un padrastro en la ópera, porque Rossini necesitaba una voz de bajo en su obra) la condena a un adolescencia de servidumbre agotadora. Cenicienta no se desanima ni pierde su buen carácter. Mientras limpia las cenizas de la chimenea (de ahí su nombre) sueña con un príncipe, sí, pero con uno que "desprecie la belleza y escoja la bondad". Pronto llega la invitación al baile, y la carga de tareas se hace interminable. Sus dos presumidas y holgazanas hermanastras la obligan a trabajar sin descanso. Finalmente se marchan dejándola sola. He aquí un momento interesante. Nuestra amiga no se arredra. En la ópera no hay hada madrina. Ella misma se arregla y se las compone para asistir también a la fiesta. Extraordinario ejemplo de fe en sí misma, pues ¿no le acaban de decir que allí no pinta nada, que es pobre, que sólo vale para fregar y quitar el polvo? Cenicienta hace lo que le dicen pero piensa por su cuenta y no deja de creer en que merece un destino mejor. Como es bien sabido, durante el baile el príncipe se enamora de ella. Cuando su misteriosa invitada se va, inicia una búsqueda que tiene un final feliz. Ramiro (el príncipe) la ama a pesar de su pobreza, y ella recupera su verdadero nombre, Angiolina, y canta un aria admirable sobre la necesidad de perdonar las ofensas del pasado y de mirar hacia delante porque al fin "todo cambia".
Rossini escribió esta ópera con tremendo buen humor y de hecho se considera que es una obra del género bufo o cómico, porque en ella se dan muchos enredos y malentendidos. Pero creo que hay en toda la historia una enorme dosis de fe en el ser humano, en su capacidad para resistir la adversidad y comportarse noblemente. Rossini nos dice, a través se su protagonista, que la verdadera victoria es creer en uno mismo aunque la vida se complique, y ser capaz de perdonar y de comportarse siempre con dignidad. Difícil tarea, desde luego. Por eso estoy totalmente de acuerdo cuando el coro final entona estas frases para nuestra amiga: "eres digna del trono, pero un trono es poco para ti".
COMENTARIOS
Este cuento nos enseña a escribir nuestra propia historia. A pesar de lo que nos digan y cumpliendo siempre con nuestras obligaciones tenemos que pensar libremente y hacer lo que sintamos realmente. Silvia, 3º ESO
Puede que esa historia la vivan niños de nuestra edad, no con la madrastra pero sí con dificultades de la vida que vienen por sorpresa. Estela, 3º ESO
No por ser mujer tienes que estar fregando todo el día, también puedes tener tus propios sueños y estos pueden hacerse realidad si luchas por ello. Ninguna persona es más que otra por ser hombre o mujer, rico o pobre. Y cada uno tiene que luchar por sus derechos. Óscar, 2º ESO
Lo que me ha enseñado Cenicienta es que si luchas por lo que quieres, no te quejas y te superas día a día, sí o sí llegara tu recompensa. Mariam, 2º ESO
Lo que no me gustaba del cuento era que tenía que aparecer un hada madrina para solucionarla sus problemas. Pero en cambio en la ópera es ella la que tiene fuerza de voluntad para conseguir por ella misma lo que quiere. Claudia, 3º ESO
Creo que las niñas de hoy en día siguen teniendo derecho a soñar con un príncipe azul. Eso no significa que busquen a alguien que las mantenga sino que, como Cenicienta, buscan a alguien que las quiera de verdad por cómo son por dentro y cómo es su personalidad. Nerea, 3º ESO
Me propongo hoy revisar la narración de la mano de mi querido Rossini con objeto de defender al personaje que está adornado, en mi opinión , de cualidades inmensas.
Como tantos niños, Cenicienta ha conocido una infancia feliz que acaba abruptamente con la muerte de su madre. La llegada de una madrastra egoísta y severa (un padrastro en la ópera, porque Rossini necesitaba una voz de bajo en su obra) la condena a un adolescencia de servidumbre agotadora. Cenicienta no se desanima ni pierde su buen carácter. Mientras limpia las cenizas de la chimenea (de ahí su nombre) sueña con un príncipe, sí, pero con uno que "desprecie la belleza y escoja la bondad". Pronto llega la invitación al baile, y la carga de tareas se hace interminable. Sus dos presumidas y holgazanas hermanastras la obligan a trabajar sin descanso. Finalmente se marchan dejándola sola. He aquí un momento interesante. Nuestra amiga no se arredra. En la ópera no hay hada madrina. Ella misma se arregla y se las compone para asistir también a la fiesta. Extraordinario ejemplo de fe en sí misma, pues ¿no le acaban de decir que allí no pinta nada, que es pobre, que sólo vale para fregar y quitar el polvo? Cenicienta hace lo que le dicen pero piensa por su cuenta y no deja de creer en que merece un destino mejor. Como es bien sabido, durante el baile el príncipe se enamora de ella. Cuando su misteriosa invitada se va, inicia una búsqueda que tiene un final feliz. Ramiro (el príncipe) la ama a pesar de su pobreza, y ella recupera su verdadero nombre, Angiolina, y canta un aria admirable sobre la necesidad de perdonar las ofensas del pasado y de mirar hacia delante porque al fin "todo cambia".
Rossini escribió esta ópera con tremendo buen humor y de hecho se considera que es una obra del género bufo o cómico, porque en ella se dan muchos enredos y malentendidos. Pero creo que hay en toda la historia una enorme dosis de fe en el ser humano, en su capacidad para resistir la adversidad y comportarse noblemente. Rossini nos dice, a través se su protagonista, que la verdadera victoria es creer en uno mismo aunque la vida se complique, y ser capaz de perdonar y de comportarse siempre con dignidad. Difícil tarea, desde luego. Por eso estoy totalmente de acuerdo cuando el coro final entona estas frases para nuestra amiga: "eres digna del trono, pero un trono es poco para ti".
COMENTARIOS
Este cuento nos enseña a escribir nuestra propia historia. A pesar de lo que nos digan y cumpliendo siempre con nuestras obligaciones tenemos que pensar libremente y hacer lo que sintamos realmente. Silvia, 3º ESO
Puede que esa historia la vivan niños de nuestra edad, no con la madrastra pero sí con dificultades de la vida que vienen por sorpresa. Estela, 3º ESO
No por ser mujer tienes que estar fregando todo el día, también puedes tener tus propios sueños y estos pueden hacerse realidad si luchas por ello. Ninguna persona es más que otra por ser hombre o mujer, rico o pobre. Y cada uno tiene que luchar por sus derechos. Óscar, 2º ESO
Lo que me ha enseñado Cenicienta es que si luchas por lo que quieres, no te quejas y te superas día a día, sí o sí llegara tu recompensa. Mariam, 2º ESO
Lo que no me gustaba del cuento era que tenía que aparecer un hada madrina para solucionarla sus problemas. Pero en cambio en la ópera es ella la que tiene fuerza de voluntad para conseguir por ella misma lo que quiere. Claudia, 3º ESO
Creo que las niñas de hoy en día siguen teniendo derecho a soñar con un príncipe azul. Eso no significa que busquen a alguien que las mantenga sino que, como Cenicienta, buscan a alguien que las quiera de verdad por cómo son por dentro y cómo es su personalidad. Nerea, 3º ESO
domingo, 26 de enero de 2020
C DE CAMUS, DICCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES
"Querido Señor Germain:
He esperado a que se apagase un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, la mano afectuosa que tendió al pobre niño que yo era, sin su enseñanza y ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y le puedo asegurar que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos, que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido."
Muchas ideas me vienen a la cabeza al hilo de esta carta porque pone de manifiesto los más hermosos atributos del alma humana. Por la parte del profesor, altruismo, entrega, lucidez. Por la del alumno afecto, admiración, memoria, agradecimiento. Conmovedora estampa la de Germain que inicia a su discípulo en el amor por aprender sin esperar nada a cambio, y qué inteligencia la de Albert que reconoce el valor de esa experiencia y lo guarda en su corazón durante años.
La obra de Camus es tan importante que ha inspirado a muchos músicos. Algunos han escrito canciones (Bohemian Rhapsody parece estar inspirada en la novela "El extranjero") y otros incluso óperas (Le malentendu, de Panisello). Ha tenido un fuerte impacto en la filosofía y el pensamiento del siglo pasado. Se ha traducido a muchísimos idiomas. Se han hecho películas... Sin embargo, de todo lo que escribió, yo me quedo con esta carta que nos habla de tantas y tantas escuelas en las que a diario un niño sin recursos encuentra la motivación y la ilusión suficientes para salir adelante a pesar de las dificultades. Si ese niño, al mirar atrás, recuerda con gratitud a sus maestros, el mundo habrá ganado un buen ciudadano.
He esperado a que se apagase un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, la mano afectuosa que tendió al pobre niño que yo era, sin su enseñanza y ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y le puedo asegurar que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos, que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido."
Estas líneas las firma el gran escritor Albert Camus. Cuando gana el premio Nobel de literatura en 1957 se las envía al que fue su maestro en la escuela, el hombre que creyó en "el pobre niño que yo era": un niño huérfano (su padre había muerto durante la Primera Guerra Mundial) al cargo de una madre abnegada pero analfabeta y muy humilde. En el ambiente en que le tocó crecer, no había libros ni revistas. Pero su maestro Germain le animó a estudiar más allá de la primaria y le preparó para poder hacerlo. Creía en él, y el joven Albert salió adelante gracias a su "mano afectuosa y generoso corazón". Camus se declara para siempre alumno agradecido.
Muchas ideas me vienen a la cabeza al hilo de esta carta porque pone de manifiesto los más hermosos atributos del alma humana. Por la parte del profesor, altruismo, entrega, lucidez. Por la del alumno afecto, admiración, memoria, agradecimiento. Conmovedora estampa la de Germain que inicia a su discípulo en el amor por aprender sin esperar nada a cambio, y qué inteligencia la de Albert que reconoce el valor de esa experiencia y lo guarda en su corazón durante años. La obra de Camus es tan importante que ha inspirado a muchos músicos. Algunos han escrito canciones (Bohemian Rhapsody parece estar inspirada en la novela "El extranjero") y otros incluso óperas (Le malentendu, de Panisello). Ha tenido un fuerte impacto en la filosofía y el pensamiento del siglo pasado. Se ha traducido a muchísimos idiomas. Se han hecho películas... Sin embargo, de todo lo que escribió, yo me quedo con esta carta que nos habla de tantas y tantas escuelas en las que a diario un niño sin recursos encuentra la motivación y la ilusión suficientes para salir adelante a pesar de las dificultades. Si ese niño, al mirar atrás, recuerda con gratitud a sus maestros, el mundo habrá ganado un buen ciudadano.
Dedico esta entrada a las maravillosas maestras de mi conferencia en el IES Luis Vives de Leganés, el 20 de enero de 2020, y al valiente maestro que las acompañaba.
Desde luego han cambiado mucho los tiempos pero lo que nunca se debería perder es la admiración por los que nos enseñan el camino indicado Óscar Tablero, 2º ESO
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domingo, 19 de enero de 2020
B DE BEMOL Y DE BECUADRO, DICCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES
bEMOL, extraño signo: las notas afectadas por su presencia suenan medio tono bajo. Si está nada más empezar la partitura, junto a la clave, lo tenemos en cuenta toda la composición. Si acompaña a una única nota, sólo afecta al compás en que está escrita.
Su hermano el SOSTENIDO tiene la función contraria: sube medio tono hacia el agudo. Finalmente, ambos pueden verse anulados por la presencia del BECUADRO, que devuelve a la nota su tono original. Son lo que llamamos ALTERACIONES, y la música que escuchas no sería lo mismo sin ellas porque nos permiten pasear por diferentes estados emocionales a medida que nos adentramos en el paisaje sonoro, desde la melancolía del modo menor hasta la extraordinaria brillantez de un modo mayor. Las alteraciones hacen que la música resulte más compleja, variada, rica y excitante que si no pudiéramos cambiar el tono original en que está escrita.Una vez más, la forma en que escribimos la música, las herramientas que la civilización ha ideado para su desarrollo, son un fiel reflejo de nuestra propia idiosincrasia, de nuestro modo de ser en tanto que humanos. Hay personas de naturaleza alegre y extrovertida. Otras, por el contrario, son más bien taciturnas y melancólicas. La personas de naturaleza sensible se estremecen enseguida, todo parece afectarles. Los animosos pueden llegar a mostrar un punto de locura, y aquellos más apagados podrían incluso pasar por tristones. Es lo que conocemos como temperamento. Pero el temperamento es una cosa, y el carácter es otra diferente. El carácter lo forjamos nosotros. Lo modifican la educación, las experiencias, las opiniones que son algo así como los bemoles y sostenidos del alma. El temperamento original se va alterando, como ocurre en la música, y nos permite experimentar emociones muy alejadas de nuestra inclinación natural, pero que precisamente por eso nos convierten en personas más completas. Pues no siempre podemos estar contentos, y es de hecho muy deseable conocer estados de nostalgia y pena profunda sin los cuales seríamos como robots. Pero de ningún modo la tristeza continuada de aquellos que afirman ser "realistas" y que el mundo es feo tiene sentido alguno. Por eso mi propuesta de hoy es el BECUADRO PARA EL ÁNIMO, una opción que nos permita sofocar el exceso de alteraciones, bien sean hacia arriba o hacia abajo. Contar con una herramienta mental que otorgue a nuestros momentos de exaltación un punto de cordura, y a nuestros momentos de depresión un punto de luminosidad. Por lo demás, aceptación del contraste que preside nuestras vidas, placer y dolor, día y noche, juventud y vejez, invierno y verano, sostenido y bemol.
"Una persona "bemol" no tiene porque ser una persona que esté triste y de mal humor. Puede ser una persona que prefiere pasar tiempo consigo misma (por ejemplo leyendo, tocando un instrumento). Esto no tiene nada de malo, de hecho de vez en cuando una persona necesita ser "bemol" para poder replantearse difíciles decisiones de la vida" Mario Navarro, 3º ESO
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DiCCIONARIO DE MÚSICA Y EMOCIONES,
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