En los cuentos infantiles, un genio aparecía salido de una lámpara para conceder a los mortales toda clase de deseos. Si buscamos en un diccionario, genio o genial es una persona dotada de una capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables, para ver posibilidades creativas que la mayoría no percibe (1). Ingenio o ingeniero son palabras de la misma raíz. En francés se dice génie, en alemán genius. En inglés se usa la palabra "gifted" (de gift, regalo) para referirse a esas personas de inteligencia fuera de lo común. Si nos fijamos, en todos estos idiomas aparece el componente de obsequio al referirnos a los triunfadores. El talento sería algo así como una merced concedida a unos privilegiados que lo único que tienen que hacer es ponerse a escribir música para obtener composiciones magistrales, o agarrar una raqueta para ganar torneos.
A menudo he observado en clase que esta manera de entender las habilidades propias y de los demás es, para muchos alumnos, una trampa mortal. "No se me da bien", aseguran ante la materia suspensa, ante el fracaso en un ejercicio, ante la debilidad y desfallecimiento que inevitablemente aparecen cuando una empresa es difícil. Pero ahí tenemos la famosa frase atribuida al gran escultor Miguel Ángel: "si la gente supiera lo duro que tengo que trabajar para ganar mi maestría , no lo encontraría maravilloso en absoluto".
La música, campo que conozco bien, tiene un nivel de exigencia altísimo. Componer o tocar un instrumento son habilidades que sólo se obtienen tras cientos de horas de entrenamiento. Cierto es que hay personas a las que parece que se les da mejor que a otras. Pero no lo es menos que la persistencia es un elemento clave el desarrollo de cualquier destreza.
Beethoven comienza la quinta sinfonía con tres notas cortas y una larga. Durante todo el primer movimiento se dedica a esta idea que, seamos francos, desde un punto de vista melódico es muy pobre. Sin embargo, es una de las obras musicales más famosas de todos los tiempos. El vigor, la energía, el interés que comunica al oyente no decaen en ningún momento. Beethoven no se detiene a pensar que las melodías "no se le dan bien" o que la idea no es brillante. La explora sin complejos hasta el final, que termina exactamente como ha empezado (ta ta ta taaaaa) y nos deja anonadados. A menudo confundimos talento con perseverancia, suerte con insistencia, fortuna con fuerza de voluntad. Las personas talentosas son sin excepción trabajadoras, insistentes, animosas, valientes. Al afirmar que el talento es un regalo, nos olvidamos de lo más importante, que ese regalo nos lo podemos hacer nosotros mismos. Cuando en una junta de evaluación veo el expediente brillante de algunos alumnos, no puedo evitar pensar en lo duro que han trabajado para obtener esos resultados. ¿Geniales? Sin duda. El genio de la lámpara les ha visitado, tras horas de esfuerzo y sacrificio.
"Para ser un grande del flamenco hay que tener disciplina. A no ser que sólo quieras dar alguna pataíta en algún cumpleaños" Manuel Jiménez "Bartolo" -bailaor- a su alumno Miguel Fernández "El Yiyo" (2)
(1) En R. Soca, El origen de las palabras, Rey Naranjo Ed., 2018.
(2) En Harper´s Bazaar, Nº 126, pág 175, Marzo 2021.